Marrakech mon amour.
Generalmente cuando viajamos lo hacemos hacía el exterior, buscamos nuevos lugares, paisajes diferentes, otras culturas y costumbres.
Cuantas veces con distintas escusas hemos visitado Marrakech, para ascender a las montañas cercanas, para navegar en los ríos circundantes, para recorrer sus pistas y caminos en bicicleta o quad, para pasar unos días de descanso…
Nos hemos perdido por los rincones de su Zoco, lugares llenos de embrujo y nuevas sensaciones, olores intensos de los puestos de carnes y pescados, frescos olores de sus puestos de hierba buena para el té, coloridos puestos de verduras y hortalizas, tintineantes sonidos de los forjadores de lámparas y vasijas, repetitivas canciones de los encantandores de serpientes, humeantes chiringuitos con manjares diferentes, luces y sombras de las calles de su medina, los cantos de los muyahidines desde las torres de las mezquitas llamando a la oración.
Esta vez ha sido un viaje diferente, un viaje hacia el interior, hemos compartido emociones, situaciones intensas, vividas en otros momentos y lugares, hemos hablado desde el corazón, con el corazón en la mano.
Uno de los momentos más emotivos de mi vida, más de mil corazones latiendo al unisono, unidos en un aplauso intenso y duradero que inundaba una enorme sala que terminaba junto al cielo.
Los ojos brillantes, un nudo en la garganta, besos, abrazos, más besos, más abrazos…
GRACIAS a todos, nunca lo olvidaré.
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