Adi

Miércoles, 24 de octubre de 2012 Dejar un comentario Ir a comentarios

Adi Arza

 

 

De tu Aitatxo:

 

Queridísimo Adi, hijo mío, todos hemos cometido muchos errores; no es justo que tú que has cometido tan pocos lo hayas pagado tan caro.

Quizás simplemente con que hubieras llevado un casco, hoy tendríamos la suerte de tenerte entre nosotros. Espero que muchos seamos capaces de aprender y me encantaría que a partir de hoy todos los que monten en bicicleta o hagan otra actividad de riesgo lleven el casco puesto y bien atado.

Ojalá que todos los skate parks del mundo a partir de ahora estén llenos de jóvenes que gracias a tí llevan protegidas sus ideas; son nuestro futuro y de ellas depende el curso que llevará la tierra, los necesitamos tanto como a tí.

Eras tan cariñoso, tan majico… igual que la madre que te parió, Koki, como tu decías “la mejor amatxo del mundo”, también es “la mejor esposa del mundo”, te lo garantizo.

Tu gemelica Saioa y tu hermana Ara ahora nos necesitan más que nunca, pero tenemos mucha energía. Los besos y abrazos que hemos recibido estos días nos han llenado el corazón de cariño que será nuestro mejor combustible.

Saioa decía el otro día ” el 11 de septiembre de 2011, 10 años después del 11 s, y 11 años después de mi accidente, cuanto UNO” y no podía ser de otra manera: eres el mejor, el primero, un campeón, el que tiene el mejor corazón del mundo y tenemos la suerte de que además no ha dejado de latir, sigue dando vida y eso es una inmensa alegría para todos los que te queremos tanto.

Todos lo estamos pasando muy mal… lloraremos nuestra pena el tiempo que haga falta. Posiblemente el que peor lo esté pasando sea el chaval que tuvo la desgracia de no verte.

No tenemos que dejar de lado las bicicletas, al revés tenemos que aprender a respetarlas y tenemos que usarlas más porque son muy necesarias para la subsistencia del planeta pero hemos de extremar las medidas de seguridad: luces, reflectantes y si nos tomamos algo, autobús o taxi.

antxon arza

De tu Amatxo Koki:

 

Desde mi cueva oscura y de dolor, intento salir con la sensación de querer ocultarme para que no me vea. No sé quien, pero que no me vea, ahora y siempre los míos me necesitan y aquí estaré, pero me da miedo esa mano exterminadora que nunca se sabe a por quién va y por eso nunca la esperas. Primero escucho los sonidos, luego me llega la luz y poco a poco despiertan todos los sentidos.

Gran cantidad de fuerza nos está llegando. Gracias a todos a los que nos habéis mandado  vuestras letras de dolor, de crispación, de incredulidad y de amor hacia nosotros.

Siempre pensaba que con nuestro amor era más que suficiente. Vivíamos felices en nuestra burbuja de seguridad, de alegría, compañerismo, complicidad…  y pocos, muy pocos, casi diría que ningún enfrentamiento.

Ahora me habéis hecho sentir que no éramos cinco sino muchos, muchos más; todos los que habéis estado con nosotros, todos los que nos hacías felices y casi no os notábamos. Ahora sí, ahora os veo uno a uno, a todos, las caras, casi hasta donde estabais situados, el dolor, vuestras lagrimas, abrazos. A muchos hijos he oído “yo nunca había visto llorar a mi aita”. Yo tampoco, pero os lo agradezco y me siento más cerca de todos vosotros .

Gracias:  a sus amigos, a sus compañeros de río, a los que se han tatuado el brazo pareciéndoles que es la forma de no olvidarlo nunca. A nuestros amigos y suyos también, compañeros, andereños, irakasles, piragüistas, familia, vecinos. A todos los que habéis ejercido de padres con vuestras piernas y a tantas madres que habéis ejercido de madres,  a  nuestros compañeros de trabajo y amigos a la vez, a los que habéis colaborado en su formación tanto deportiva como académica, al Ayuntamiento de Aranguren, a la Ikastola San Fermin (la mejor ). A todos esos y a los que no nos conocías pero también os escuchamos, nunca os olvidaremos, porque es ahora donde  la calidad humana  aflora con más sensibilidad que nunca.

Casi todos me preguntábis si podíais hacer algo. Sé que si a todos os hubiera pedido un año de vuestras vidas, Adi, nuestro Adi, ese chavalote que tanto queremos, que nos daba felicidad, alegría, que llenaba toda la casa, ese chavalote hoy viviría eternamente.

Me queda un consuelo muy grande saber que ese gran corazón, esos pulmones tan sanos… van moviéndose por ahí y que mientras nuestra pena es infinita, hay otras familias que lo estarán celebrando. A vosotros también quiero daros las gracias, por mantener a nuestro hijo con vida.

A todos los que sois padres, sembrad en vuestro hijos; será la mejor inversión de vuestra vida. Recogeréis los mejores frutos, los que no tiene sabor, color ni forma, pero los que más te llenan la vida. La educación se da en casa con cariño, con delicadeza, sin gritos, siempre enseñando como si vuestro hijo estuviera en una incubadora y le contarais cuenticos con toda la dulzura del mundo, no los de caperucita, no, contar esos que parece que no se enteran pero les llegan dentro.

Muchas veces he oído hablar mal de la juventud. Necias e injustas palabras. Ellos son nuestro futuro, ese futuro que por nuestro mal hacer tienen que arreglar. No hablemos mal de ellos. Estos días hemos tenido el honor de tener la casa llena de amigos de nuestros hijos, personas maravillosas, jóvenes llenos de futuro, nos han dado todo: animo, alegría, saber estar y un amor que nos ha llenado los corazones…   vida, vida que hemos perdido.  Gracias a ellos hemos vuelto a oír las risas de Adi y os juro que eran suyas. Sus hermanas han vuelto a sonreír como le prometimos a él. A Adi ya se lo hemos dicho todos “somos cinco, estamos cuatro” y aunque ahora estamos tristes, un día no lo estaremos porque esa promesa, también la cumpliremos.

Mi amor, mi compañero, qué bien nos elegimos. No hagas caso a esas frases que dicen “como el amor de una madre…”, no las escuches, esas no van contigo. Eres tan padre como nadie, el mejor. El fue todo para ti: tu angel de la guarda, el que te abría la huella en la nieve y hacía reposar tu espalda apoyado en su pecho. .. Tu proyección de piragüista y de gran hombre que eres. Gracias a ti más que nadie por la labor que hiciste con él y con toda esta familia, sin tu fuerza nos habríamos hundido en muchas ocasiones y tú, a pesar de los pesares siempre tirarás para adelante y las chicas iremos contigo. Te quiero mi amor.

Agur Adi :Tu Kokita, mi amor, tu Kokita para siempre.


De tu gemelica:

 

Estas últimas semanas me ha quedado más que claro, que esta sensación y estos sentimientos, no se pueden describir con palabras. Lo que sí puedo hacer, es hablaros de nuestro Adi,  sé que se me escapan muchas palabras y detalles pero me resulta bastante más fácil que describir como me siento. Empezare por lo más grande: Él.

Adi, la persona con la que más cosas he compartido en mi vida: empezando por la tripa de la amatxo, seguido del biberón, pasando por el cuarto, la clase, los amigos, las tareas y todas esas interminables clases particulares dedicadas a cantar una canción con cada palabra que le sonaba en inglés… Pero bueno, de tanto estar juntos, no os voy a mentir ni a decir que Adi fuera perfecto, también teníamos nuestras peleíllas. Desde txikis claro, cosas como “Adi, cierra la puerta que sino mientras dormimos entran los toros” y él siempre le echaba más imaginación contraatacando con un “pues no Saioa, porque entonces ¿por dónde salen los monstruos que entran por la ventana?”. La cosa es que al final siempre acabábamos gritando “yo no quiero compartir cuarto con él/ella” y la puerta medio abierta, consiguiendo que los toros entraran y parte de los monstruos se quedaran.

Ya os digo que con Adi todo era cuestión de echarle imaginación; ¿que nos aburríamos estudiando las valencias? él le ponía un ritmo y lo convertía en canción. ¿Día de lluvia sin poder salir a la calle? Que mejor que afinar la puntería con la pistola de bolas disparando a todo lo que se movía. ¿Que se cansaba del estudio? Pues se dedicaba a no dejarnos estudiar. Y de estas 1000. No creo que haga falta que os cuente muchas más para que os deis cuenta de que el objetivo era el mismo en todas, echarse unas risas.

Y ahora, es cuando me doy cuenta de la de momentos que hemos vivido. Buenos y no tan buenos, pero siempre los más divertidos los peores. Porque no sé cómo, igual es que yo soy un poco tonta y se las perdonaba todas o igual es que él era muy listo, no lo sé, pero el cabrito de él siempre se salía con la suya.

No necesito deciros mucho más sobre él, porque sé que con que hubierais estado una sola vez con él, habría sido suficiente para daros cuenta de lo sonriente, guindilla y buena persona que era. No encuentro una sola palabra que lo defina.

Adi, no voy a dejar de repetir la frase que he dicho desde el primer día: siempre seremos 5, solo que estaremos 4. Y así como ese número no cambia para mi, tampoco cambia que has sido, eres y serás mi gemelico, el único y mejor de todos. Y esto de llevar tu nombre en la muñeca no es más que una pequeñísima señal de lo marcados que nos has dejado.

Os agradezco a todos cada segundo que le hayáis dedicado a Adi, todos formamos parte de su vida y felicidad.

Eskerrik asko

Te quiere,

Saioa Arza

 

 

 

 

De Juanpe:

Adi, el niño con nombre de montaña y corazón aún más grande.

Que paradójico puede resultar la elección de un nombre, y como tus padres acertaron hace quince años eligiendo para tí el nombre de una montaña. Supongo que nunca esperaron la idoneidad de ese nombre.

Eras bello como la cumbre que domina Sorogain y Quinto Real, una belleza serena, adornada con una sempiterna sonrisa y unos ojos vivarachos que a pesar de la timidez propia de la edad dejaban ver la profundidad y la hondura y la talla de persona que eras… grande . Grande hasta hacer empequeñecer esos 1458 metros a la altura de una pequeña colina.

Suaves laderas conformaban tu carácter , lejos de esas otras altivas y ariscas cumbres que nos rodean. Siempre una sonrisa, siempre un buen gesto, siempre una buena acción. Hasta el hecho mas asombroso y el mas mínimo detalle carecían de egoístas contrapartidas, todos tus actos eran altruistas, no había afán de protagonismo o notoriedad, surgían así de manera espontánea , pues eran cualidades intrínsecas a la grandeza de tu corazón y tu montaña.

Al igual que la montaña que te prestó su nombre, estarás siempre presente, confortando y protegiendo nuestras vidas, e incitandonos a superarnos y hacer que seamos mejores personas.

Me has dejado pronto, muy pronto, demasiado pronto y con una imagen grabada en la mente: postrado en una cama … imagen que quiero, deseo, necesito cambiar por otra que represente tu gran corazón, tan grande o más que la montaña de la que tomaste tu nombre.

Sé que nada puede ser igual, pero también sé que el resto de mi poca o mucha vida la recorreré confortado por la sombra y la protección de Adi, no la montaña, si no el niño cuyo corazón era mas grande aún.

Te quiere, Juampe.


7973516500

 

 

 


Tu ausencia compartida

Mi chavalín del alma,  como hubieras sufrido el domingo, si nos ves a los tuyos, agarrados para darnos fuerzas en ese difícil trance de verte  feliz en esa vida que nos falta.

Había pasado uno de los peores días de mi vida, en mi necesidad de tenerte, creía  que podía parar la imagen y meterte en casa, como si nada hubiera pasado, o quizás tenía  miedo de no ser lo suficiente rápida y  perderte para siempre.

Entendí con más claridad, que es el bolo que se pone a la altura de la boca del estomago, que se llena de abejas revoloteando que no te dejan vivir, hasta sentí esa falta de aire que da miedo te lleve a la inconsciencia.  Que  tremendas inseguridades acompañan a la  perdida.

No corría el tiempo y la inquietud se había apoderado de nosotros, hasta que al final aparecieron esas letras que decían algo así como:  dedicado a Adi el aventurero más joven de Al Filo, hasta eso me sentó mal, no entendía como todos los que te habían conocido, trabajado y jugado contigo, no tenían unas palabras de más adentro, esas que tu siempre provocabas en todas las situaciones por las que pasabas. Bastaba con un: a ti Adi, terremoto de este equipo que ha tenido la suerte de compartir bonitos momentos contigo.

Luego fueron pasando las imágenes de tu aita hasta que llegaron las tuyas, con esa sinceridad que te hacía niño grande y contabas la suerte que habías tenido con el aita que te había tocado, que podías hablar de cualquier cosa con él, creo que también sabías la suerte que él sentía de tenerte  como hijo, este orgullo de pertenencia que tan fuertes nos tenía atados.

Nunca sabrás que ese salto que hiciste desde un árbol  al rió Ara, fácilmente podíamos haberlo llenado con los torrentes que derramábamos todos los que tanto te queremos.

Qué pena Adi, que pena más grande, creo que nadie se atreve tan siquiera a nombrarte por el dolor que produce en estos momentos tu nombre,  ni tan siquiera en tu casa. Solo podemos llorar y abrazarnos. Esta es la forma  de expresar esa ausencia que aun no podemos reconocer.

No sabrás nunca hijo,  todos los que te esperábamos, no sabrás lo más importante: que esa cascada de emociones  que provocaste en todos,  eso, sólo lo consiguen los grandes como tú , los que consiguen dejar huella, cuantas cosas bonitas me han dicho de ti, no desde tu ausencia, no, todavía no había llegado el día de las alabanzas.

Como esos sabores agri-dulces,  me ocurre un poco lo mismo, tengo la inmensa tristeza de no tenerte, un vacio que es imposible llenar y por otro lado, ¡Que felicidad! hijo como has disfrutado esos cortos 15 años, seguro que los que más te iban a marcar en tu vida, rodeado de buena gente,  buenos sentimientos  y como no, las mejores hermanas .

Tu gemelica, aun recuerdo cuando a la salida el primer día de guardería iba  con los brazos en jarras llevando en uno tu abrigo y en el otro el suyo, tu corrías  a nuestro encuentro contento, tenías tu compañera ideal para el resto de tu vida y así fue. Ella cuidó de ti hasta el último día  y no pudo ser más por que en su grandísimo amor por ti, les decía a los médicos: dejarlo así por favor, que yo vendré todos los días a cuidar de él.

Ara, con su incondicional entrega, era la mujer más orgullosa del mundo cada vez que te disfrutaba en tus incesantes  batallas y aventuras y es que ella también sabía que eras grande y vigilaba  tu sobra para que nada te pasara.

Tu aitatxo y yo aun no podemos  alejarte del nido, sabemos la teoría, pero la práctica no la pasamos, cuantas veces repetimos: nos ha dado 15 años de felicidad, ha vivido con ilusión, ha disfrutado tanto y de tantas cosas. Y lo más importante no has sufrido, no te has enterado de ese fatídico golpe que te hizo partir, no ves lo que sufrimos, ni las penas de tantos y tantos, ni la soledad que nos inunda. No corazón, no has sufrido, eso también nos ayuda.

Te has llevado la mochila cargada con lo que debemos llenarla todos: alegrías, amigos, ilusiones,…   que has sabido disfrutar, eso es lo único que nos llevamos, lo demás, ya ves, se ha quedado todo aquí: tu bici, patines, eskis ,… Un buen amigo tuyo dijo uno de estos días “no son importantes los años vividos, sino como se han vivido”; otro dijo, que también era importante la huella que se dejaba. Sí, tienen razón, pero los que nos hemos quedado tenemos una labor dura,  la de hacer ese camino sin ti, poniéndole cara y movimiento, en un camino que nunca podremos dejar de construirte.

La norma de la casa era: ¡pásatelo bien, disfruta!, que curioso, esas palabras fueron nuestra despedida.

Luego volvimos a encontrarnos, pero ya no estabas, ahí solo te pude decir lo que te quería, lo felices que habíamos sido contigo y por si  me oías, también te dije que estábamos todos junticos  y que no te preocuparas que estabas en el hospital, que habías tenido un accidente pero que estabas en buenas manos y te ibas a poner bien, me  temblaba la voz y mi mano enlaza con la tuya, como tantas y tantas veces habíamos tenido,  notaba tu ausencia y mi propia presión me hacía daño.

Mi chavalín, llegará el día que tu recuerdo será una devolución de esa alegría y felicidad que nos has dado, es difícil romper ese cordón que nos ha unido tantos meses y tan pocos años.

Tu kokita mi amor.

ZORIONAK

Vaya desgracia. Este, que habría sido uno de nuestros mejores días, ha sido de los peores.  Desde el primer momento he estado acompañada de familia y amigos, pero eso ya no es suficiente, no es lo que quiero.

En ningún momento me ha apetecido cumplir, pero ahora que ha llegado el día, no te imaginas lo que es esto! No sabes cuánto me habría gustado ir a tu cuarto por la mañana y despertarte con un Zorionaaak!! Y recibir nuestros regalos y estar juntos en este día.

Querría quedarme en nuestros eternos 15, estos que tanto nos han marcado. Pero supongo que no puedo.  Hoy, juntos, cumplimos 16. Ese número que se acerca a ‘ser mayor’ pero que nos aleja 2 años de la mayoría de edad. No es ni mi día ni el tuyo, es el NUESTRO. Y cada 30 de Noviembre lo será, como lo ha sido hasta ahora (no vamos a cambiar nuestras costumbres ahora).

No sé ni cómo unir las ideas ni que mas decirte, estamos en las de siempre, no hay palabras suficientes, pero estas líneas aunque sea te las quiero dedicar a ti. Confío en que cada año mejorará este día, nosotros lo llenaremos de ilusiones y sonrisas por ti. ZORIONAK maitia!

Te quiero,

Saioa

Cuento del cangrejo

Termina otro lunes, cuesta volver a activar las neuronas y empezar la jornada después dos días de descanso. Como siempre, ya pasó y tampoco fue para tanto; mañana será martes, más cerca del fin de semana.

Pienso en el libro que he dejado en la mesilla y sonrío al recordarlo. Hoy me ha comentado su autor que  ya es definitivo: se lo publica Desnivel con el título” Donde viven los dioses menores” y saldrá a la venta para San Jordi.

Hay que ser bueno escribiendo para hacerlo por primera vez, de forma casi terapéutica y  conseguir ser el tercer clasificado en el concurso Desnivel 2011.

Es una novela que  trascurre en una travesía con eskis por el Pirineo y relata  una historia de sentimientos, actitudes y vivencias de sus protagonistas en situaciones en las que la mayoría de los humanos perderíamos los nervios.  ¡Gracias amigo!  más por ser capaz de construir en la adversidad, que por  los buenos ratos que estoy pasando  mientras lo leo.

Pienso en ello y voy avanzando en los metros que me separan de las habitaciones de los hijos para darles el último beso del día y desearles felices sueños.

Asomo mi cabeza por la puerta de su habitación y llego a  su cama. Está acostado y me recibe como siempre, con una sonrisa.  El paso del día no ha hecho mella en él, su cara está tan despejada como si estuviera a punto de comenzar un nuevo  día. ¡Qué suerte!, son jóvenes.

-Un beso corazón, y que descanses chavalín.

-¡No te vayas!, quédate un poquico conmigo.

-Estoy bastante cansada y quiero ir pronto a la cama.

-Anda amatxico, métete un ratico conmigo, anda chica, venga “la mejor amatxo del mundo”.

– Suéltame ­me agarra para que no pueda escaparme mientras estoy sentada a su lado- quiero leer el libro que luego te voy a pasar, te va a gustar, trascurre  en  una parte  del Pirineo que tu ya conoces. Ya sé que no lees a no ser que sea verano y  te ponga un libro super seleccionado de los que  siempre triunfan; pero este te va a gustar. Aún tiene en su mesilla, con las tapas bastante estropeadas por el agua, el último que leyó   y eso que es una historia de amor y pocas aventuras – Contra el viento del norte-. La segunda parte.  –La séptima  ola- (esa que llaga siempre distinta a las demás después de  una serie de seis iguales),  se ha quedado pendiente. Tampoco me acuerdo del nombre del autor, pero sí que es un libro muy entretenido que no  dejas hasta terminarlo.

-Métete un poquico, te hago sitio.- siempre  me deja el mismo; el espacio que queda entre él y la pared que está pegada a su cama. Luego me vacila cuando quiero  salir- ¿a ver si puedes irte?, mira yo solo te agarro con  una mano,  ahora sin ninguna -mientras sus piernas aprisionan las mías, con una fuerza inmovilizadora-.

– ¡Ja ja!, ahora te quedas conmigo toda la noche! Te dejo que te vayas, si me cuentas una historia de esas que te pasaron de joven.

– Estoy un poco cansada, igual mañana me acuerdo de alguna y te la cuento.

-Cuéntame algo que no tengas que pensar. ¡El cuento del cangrejo!

– Pero, ¿no te aburre, hijo?

– Que va.

– Vale, pero rápido: Había una vez un cangrejo muy malo muy malo que siempre andaba fastidiando a todo el que tenía a su lado. No sé cómo se las arreglaba para conseguir pinchar todas  las pelotas de los niños que jugaban en la playa; los castillos de arena desaparecían bajo sus pinzas sin necesidad de que los rompieran las olas;  los helados acababan haciendo la digestión en su barriga y muchas de las hamacas de la playa parecían cazamariposas de los agujeros que tenían.

Los padres estaban muy enfadados porque a ellos también les desaparecía las cremas, llaves, teléfonos, carteras,  y  muchas de las paellas que preparaban acababan en el suelo y muchos granos en su tripa.

Después de muchos quebraderos de cabeza, descubrieron  quien era el causante de todas sus desdichas, así que decidieron  ponerle una trampa y un buen día, todos los padres salieron equipados con sus linternas. Cuando el cangrejo estaba a punto  de hacer una de sus travesuras nocturna, encendieron a la vez todas las linternas y con una red de pescador lograron atraparlo y meterlo en una jaula.

El cangrejo encerrado, suplicaba y suplicaba que le dejaran en libertad, prometía que nunca jamás volvería a hacer trastadas. Tanto suplicó que los padres decidieron darle una oportunidad y lo soltaron.

Desde ese día, todos vivieron tranquilos y felices. El cangrejo se había arrepentido y había decidido ser bueno y colaborar  con todos los que hasta entonces  había fastidiado. Recogía  las pelotas que caían lejos cuando jugaban a pala, ayudaba a los niños a hacer sus castillos y  acercaba las cremas cuando el sol calentaba desde lo alto. y hasta consiguió bañarse en el rompeolas con los niños agarrándose a los bañadores con sus pinzas.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

-No te vayas cuéntame algo más. bueno es igual, quédate un rato conmigo.

– Ahora te toca a ti contarme algo.

-¿Yo? si no sé.

-Claro que sabes, no hace falta que  sea un cuento. Anda, cuéntame algo de la chica que te gusta.

Este fue un cuento que inventamos entre los dos, cuando Adi tendría unos cuatro años. Recuerdo que lo suyo no era la imaginación -esa tan desbordante de los monstruos, las batallas, los dinosaurios, los buenos y los malos, .

La fórmula para desarrollar esta imaginación era  sencilla : uno tenía que decir cuatro palabras y entre los dos teníamos que conseguir hacer un cuento. Uno empezaba y en un momento determinado paraba y decía: ahora sigue tú.  Esta vez las palabras fueron: playa, cangrejo, pelota y camping.

Siempre nos ha encantado este cuento, creo que los dos pensábamos en el camping Montroig de Tarragona en el que tantos días buenos hemos pasado y ya veis, no es tan fácil, esta vez se me ha olvidado añadir la última palabra.

Por fin consigo escaparme de su cama y un poco más cansada por el forcejeo, pero contenta de haberme  ganado unos cuantos besos de más, me acerco a dar las buenas noches a sus hermanas. Otro día les tocará a ellas, que para esto, uno  no se hace nunca grande.

El libro me espera, pero antes anoto en mi diario, como todos los días, tres cosas buenas que me han sucedido y escribo:

1ª ¡Qué gusto tener un hijo que con sus 15 años, mantiene la ternura de los cuentos,  los abrazos y  la espera del último beso del día!

2ª Ya con la primera me parece más que suficiente.

Gracias Adi, por estos buenos momentos que me has regalado. Hoy, como tantos otros días,  has conseguido que éste, sea un buen día para mí.

Tu amatxico,  mi amor

(12-11-2011)

De Imanol, Ander y Kontxi

Hola Adi:
Tengo ganas de escribirte porque como dice Saioa, tu gemelica, aunque estéis cuatro sois cinco, y para nosotros también eres. Eres en muchos recuerdos, siempre divertidos, en la nieve, en el monte, en Egipto con moriones e Ignacio, en Marruecos con Súper, Beatriz y Amaia. Con Antxon volviéndole loco a Mohamed con su francés académico… Nos gusta acordarnos de ti. El otro día me dice Ander “ me acuerdo un día que me lo encontré y me dijo todo contento – he batido el récord, he hecho 100 piscinas y tengo los huevos escocidos por el traje de baño – Nos reímos un rato (la piscina tiene siete metros de largo para los que no la conocen). Como cuando os oía en el refugio de Saboredo intentando convenceros uno a otro, Ander y tú, para salir a mear porque os daba miedo el perro. O esas conversaciones llenas de fantasía de los dos camino de Ventosa donde íbamos con Kontxi, Paci e Inés a ver a Eki, el primo de zumosol. Convertíais cualquier hilo de agua en ríos con rebufos, saltos y contracorrientes. Soñabais con virguerías, pendientes y tres sesentas con el kayak, con los esquís o con los patines. A los dos os gustaban las mismas cosas y a los dos os gustaba tanto hablar! Ibais haciendo castillos de palabras. Entonces los construíais, ahora habíais empezado a habitarlos.
Me acuerdo del día que en Panticosa me comentaste – Te conoce todo el mundo!- Hombre claro es que soy el jefe – Ah entonces como mi padre que también es jefe- . Era una gozada tu inocencia. Esa confianza, sin duda alguna, que ponías en tu gente. Las esquiadas fuera pista por Panticosa. Se tiraba Adrian el primero detrás Ander o Ibai o Elisa o el que estuviese y tu, rápidamente, sin dudar, kamikaze y te cayeses o no con tu eterna sonrisa en la boca. No me acuerdo de haberte oído nunca quejarte. Siempre disponible para lo que hiciese falta. Tu, y también Saioa, menudo par de todo terrenos!
Te recordamos en estas y en otras muchas cosas y en ese recuerdo aparece la gente de nuestra tribu de amantes de la naturaleza, la montaña, los viajes y sobre todo de la vida, tribu a la que, aunque no estés, siempre pertenecerás. Esta tribu de gente, como dice Camarón, enamorada de la vida aunque a veces duela. Son recuerdos que nos traen una sonrisa y a veces también alguna lagrimilla.
Últimamente te veíamos menos pero siempre que nos encontrábamos por Mutilva o donde fuese hacíamos planes, ir a esquiar, bajar el Irati, o yo que sé. No te preocupes Adi los haremos también y te llevaremos dentro. Como hablamos con Koki ese será nuestro homenaje.
Hemos tenido la suerte de compartir muchos momentos majicos (¿o quise decir mágicos?) contigo. Nos damos más cuenta ahora al recordarlos, ¡qué bien lo hemos pasado!
Un abrazo para Antxon, Koki ,Ara y Saioa. Estamos aquí para lo que queráis. Somos una tribu y os queremos.
Imanol, Kontxi, Ander

De Julen

Adi:
Aun no me creo lo que a pasado, después de tantos buenos momentos contigo he podido descubrir como se debe ser en esta vida.Tú que siempre estabas para ayudarnos a no cagarla y para una vez que eras tú el que la necesitaba no he podido ayudarte, lo siento mucho amigo, me gustaria volver a verte para despedirme y asi poderte recordar lo grande que eres y lo alto que has llegado en tan solo 15 años, ojala yo lo consiga pero como comprenderas me llevará mas tiempo porque no todos somos com tu.Tú eras al que siempre recurriamos en nuestras excursiones porque te teniamos como el último superviviente tú eras el que conseguia que después de un rato contigo te hacia hacerte un poco mejor y ojala haya algo después para poder volver a verte algún día.
Nunca te olvidare Adi.
Ni yo ni nadie que te haya conocido, de eso estoy seguro.

Un año sin ti, pero a tu lado.

El calendario marca el 11 de septiembre, un día más para el resto del mundo.Hoy, como todos los días desde hace un año, el mundo sigue rotando (aunque para nosotros esté paralizado), el sol brillará alto en el cielo (aunque sintamos una tormenta en nuestros interiores) y el tiempo transcurrirá (aunque las horas puedan parecer días).

Para algunos serán fechas para recordar la caída de las torres gemelas. Para otros será un día normal, o quién sabe si les pasaran cosas que cambian sus vidas. Para nosotros hoy son fechas para recordar. Recordar momentos difíciles. Nos vendrán a la cabeza imágenes y recuerdos vividos los pasados 11, 12 y 13 de septiembre.

Pero además de lo malo, también recuerdo mis 15 años de vida junto a Adi. Y recuerdo todo lo que he aprendido (y sigo aprendiendo) éste año. Han sido tantas las cosas que han cambiado: nuevas situaciones, nuevas metas, nueva gente. He tenido que ir buscando la manera de resolver éstas nuevas situaciones tan raras, y que ahora sé que desde donde mejor se llevan es desde el corazón.

Algunas de estas situaciones se resuelven con dosis de amor o dosis de recuerdos. Otras con la ayuda de gente. He aprendido que Dar es bueno pero Recibir puede ser incluso mejor, porque para poder dar hay que aprender a recibir también. Y para poder recibir, he tenido que aprender a ignorar esos prejuicios que no van más allá de la apariencia. Porque cómo yo lo llamo, hay mucha gente que habla Chino, ese idioma de los sentimientos, tan complicado y enredoso que a veces parece que nadie entiende. Me he dado cuenta de que si buscas y consigues omitir los prejuicios, hay Chinos en todos los lados, gente que demuestra merecer la pena.

Y lo bueno no sólo son los Chinos, sino la de ideas y sentimientos que puedes intercambiar con ellos. Te das cuenta de lo profundas que pueden llegar a ser algunas relaciones, y el hueco que esas personas se van haciendo en tu vida. Me ayudan mucho, me ayudan a entender las cosas desde otro punto de vista, me ayudan a buscar soluciones a algunos problemas, me acompañan en este camino… Pero sobre todo, me hacen el corazón un poco más grande. Me hacen sentirme viva y me recuerdan cuanto merece la pena la vida, siempre que sepas cómo vivirla. Y ahora que lo pienso, a través de mis recursos y herramientas, estoy volviendo a aprender cómo vivir, sonriendo siempre siempre, y aprendiendo tanto de lo bueno como de lo malo.

Ayer cerrábamos éste año, y hoy estrenamos uno nuevo. Éste año ha sido único y nunca volveré a vivir uno igual. Pero todavía me queda camino por recorrer: escalones que subir, obstáculos que esquivar y nuevas situaciones que afrontar.

A veces me da un poco de vértigo el seguir adelante, olvidar quien soy o que el mundo olvide a Adi. Pero si miro atrás y tomo conciencia de las cosas que he superado, encuentro muchos motivos por los que seguir esforzándome cada día, seguir aprendiendo y VIVIENDO!

Estas líneas son un recurso más en el que apoyarme cuando me flaqueen las fuerzas. Sé que aquí encontraré motivos para seguir caminando. Poco a poco, agarrados de la mano del de al lado, y sintiendo a Adi muy cerca, iremos superando y aprendiendo de cosas que nunca llegamos a imaginar.

Saioa

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De tú mano mil kilómetros.

 
Hablo en nombre de muchos, Adi, cuando digo que este año lo mejor que hemos tenido ha sido la sonrisa de Saioa.

No sé si suena bien o mal, pero en mi vida, cuando te fuiste tu, llego ella.

Con la parte de ti que dejaste en Saioa y con lo que yo tenía guardado, hemos logrado mucho este año. SorAdItzi, eres lo que nos une, eres lo que nos hace fuertes.

Voy a escribirle en 2ª persona, ya que será la primera y puede que la única que lea esto después de mi…

Saioa cariño, ha pasado un año, un año entero, con todos sus altibajos. Han pasado 12 ‘días 11’ que hemos superado, mejor o peor, pero los hemos superado, y estamos aquí, juntas, aveces sonriendo y otras veces solo callando y abrazándonos.

Esto es como una maratón, tipo a esa que voy a correr esta semana y que en mi corazón tiene su nombre. Empezamos con miedo y débiles, pero poco a poco después de todos los baches y dificultades, vamos haciéndonos más fuertes y siendo capaces de más. Descansamos a veces cuando las cuestas van para abajo y aprovechamos entonces, para agradecer y sonreír a los que siguen ahí con nosotros, y en las rectas simplemente sacamos fuerzas para lo que sabemos que llegará. A los 42 km de una maratón llega el final pero esta historia no acaba ahí, así que ese cacho no lo voy a usar. Es una metáfora un poco friki y ni siquiera se si la entenderás pero estoy segura de que él se reiría al ver lo que acabo de dibujar en tu imaginación.

El caso es que ha sido un año lleno de primeras veces, de logros, de miedos, de superaciones y de momentos que recordaremos siempre. Este año no ha sido para todos igual…ni siquiera esos que como tú dices hablamos chino hemos sido capaces de hablar ese idioma de los sentimientos cada día. Porque todos hemos tenido días en los que no nos entendíamos ni a nosotros mismos, todos hemos tenido días en los que nos habría gustado desaparecer o sonreír, llorar o gritar, pero no siempre coincidíamos. En esto del duelo cada uno va a su bola, ya sabes. Por eso quiero agradecerte la paciencia la fuerza, las ganas y los ánimos que has puesto para soportarnos a todos nosotros y para levantarnos a veces cuando ni siquiera tu estabas de pie del todo.

No te puedes imaginar lo orgullosos que estamos todos de ti, incluido él, que seguirá flipando con lo que has conseguido.

Voy a ir terminando, y que mejor forma de acabar, que con una de las mil frases que hemos intercambiado este año tú y yo:

“Lo que él significa para cada uno, significa para cada uno, y nadie más”

Un beso enorme Saioa Arza.

Te quiero Adi, ayer hoy y siempre.

Itziar Ibarra

 

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